COMUNICADO 8 DE MARZO COMISIÓN FEMINISMOS DE ENTREPUEBLOS-ENTREPOBLES-ENTREPOBOS-HERRIARTE

27 02 2015

“Este 8 de marzo todas somos Máxima, por trabajo digno, por liberación de nuestros cuerpos y territorios”

Apoyamos la CAMPAÑA MUNDIAL EN SOLIDARIDAD CON MÁXIMA ACUÑA. Cajamarca, Perú

Maxíma Acuña

El día 8 de marzo “Día Internacional de las Mujeres”, en todo el mundo, desde hace más de un siglo, salimos a la calle para exigir y defender nuestros derechos. A pesar del tiempo transcurrido, estos derechos -incluso los más básicos en muchos países- son recortados y quienes detentan el poder siguen decidiendo sobre nuestras vidas como si éstas les pertenecieran, sin tener en cuenta que los derechos de las mujeres son parte inalienable, integra e indivisible de los derechos humanos universales.

Frente a estos ataques salimos a las calles para afirmar que “sí hay alternativas”. Salimos con la seguridad de que el feminismo, en toda su riqueza y diversidad, sigue muy vivo y nos da fuerzas para seguir luchando, porque estamos convencidas de que tenemos la oportunidad -aquí y ahora- de construir otra propuesta de sociedad.

Así, frente a un modelo económico y social que solo se basa en criterios de productividad, que explota la naturaleza y que nos condena a la pobreza y a la exclusión social, exigimos poner en el centro la sostenibilidad de la vida.

Este 8 de marzo, nosotras, las mujeres de Entrepueblos, queremos sentirnos cercanas a los procesos de lucha de las mujeres latinoamericanas que, desde la pluralidad de feminismos existente, establecen un diálogo para el reconocimiento e intercambio de las diferentes posiciones, visiones y reflexiones feministas acerca de los desafíos que tienen que afrontar. Estas reflexiones y aportaciones han sido llevadas adelante por una variedad de actoras feministas desde diferentes territorios: jóvenes feministas, feministas de “sabiduría” acumulada, urbanas, rurales, campesinas, migrantes, indígenas, negras, mestizas, lesbianas, trans, bisexuales, heterosexuales críticas, trabajadoras sexuales, trabajadoras del hogar… desde diferentes posicionamientos y cosmovisiones.

Defendemos junto a todas ellas la importancia de un espacio común de diálogo y debate político, con el convencimiento de que la discrepancia nos nutre y el debate, si es reconocida y se acompaña de reflexión, nos hace crecer como movimiento y amplía nuestros horizontes de posibilidades.

Las mujeres latinoamericanas han sufrido, como nosotras, las consecuencias del patriarcado, viviendo limitadas por estados que prohíben el ejercicio del derecho a decidir sobre sus cuerpos, así como por la militarización, que provoca miedo, dolor y represión, afectando así a sus cuerpos-territorios.

Ellas, siempre activas, han trabajado sin cesar para que se produzcan los cambios sociales y políticos que las liberen de esa opresión y reivindican, entre otras estrategias, la educación como factor de prevención de la violencia y de la discriminación. Para ellas, igual que para nosotras, es fundamental dar protagonismo a las vivencias de las jóvenes y a la vez recuperar, como elemento primordial para su aprendizaje, las experiencias y aportaciones de tantas feministas a lo largo de la historia y en el presente.

Aún son muchos los problemas que todas las mujeres hemos de afrontar y que nos impiden avanzar y construir, como la violencia de género, que en los países de Latinoamérica alcanza enormes y dramáticas dimensiones:

  • El feminicidio ha crecido al amparo de la impunidad, la indiferencia y la complicidad de los gobiernos.
  • En muchos países de América Latina han aumentado las agresiones, las amenazas y la criminalización de defensoras de derechos humanos de todos los movimientos sociales, incluido el movimiento feminista.
  • La utilización del cuerpo femenino como territorio de guerra aún está muy presente, como el que se practica desde hace más de 60 años en el curso del conflicto armado en Colombia y ante el que no podemos quedar indiferentes.

Frente a todo esto y junto a ellas, exigimos poner freno a la impunidad, asegurando el acceso a la justicia para todas las mujeres que son agredidas por defender los derechos humanos. Compartimos y apoyamos su exigencia firme de ser protagonistas en el proceso de diálogo y construcción de la paz. Compartimos y apoyamos su trabajo, cuando se manifiestan decididas a no desfallecer en su lucha contra el racismo, la colonización de los cuerpos y territorios, y todas las formas de violencia.

Este año especialmente queremos hacer oír la voz de las campesinas e indígenas criminalizadas por defender su territorio, como Máxima Acuña. Apoyamos con ellas las campañas contra los megaproyectos de las empresas mineras, que atentan contra la vida de las personas y al medio ambiente.

Finalmente manifestamos nuestra firme voluntad de incrementar la capacidad de los movimientos feministas para proteger a todas las mujeres de la violencia, para fortalecer la solidaridad y para hacer del cuidado entre nosotras y las compañeras en otros movimientos sociales un principio político fundamental para la sostenibilidad de nuestras luchas.

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