El silencio del petroleo – un viaje a Ecuador

26 02 2013

Ecuador LagoAgrio Toxitour gasolina blancaDurante el verano pasado un grupo de personas de Entrepueblos Valladolid decidió dedicar una parte de su tiempo de descanso y su esfuerzo a visitar y conocer de cerca a las personas, el contexto y los proyectos con los que los Entrepueblos  mantiene una  relación de colaboración  mutua y cooperación solidaria.

El destino elegido fue Ecuador, allí visitaron varias de las iniciativas ilusionantes, esperanzadoras y creativas que las organizaciones locales con el apoyo de Entrepueblos y de otras organizaciones realizan y fueron testigos directos también  de muchas de las problemáticas que motivan y justifican el seguir luchando desde aquí y allí, que nos impulsan a seguir denunciando las violaciones a los derechos de las personas, de los pueblos y del planeta y reclamando sin descanso el respeto a esos derechos.

Este es el relato y las sensaciones  de nuestra compañera Mª Victoria de Diego sobre uno de esos encuentros:

EL SILENCIO DEL PETROLEO

Mª Victoria de Diego

Un viaje a Ecuador.

Tuvieron que pasar muchos días para comprender el horror que habíamos vivido, y tuvieron que pasar otros más para poder escribir sobre ello; pero el recuerdo y el compromiso para quienes nos llevaron por los caminos inexplorados, se tenía que cumplir.

Sixto y Bella, junto con otros compañeros, nos habían propuesto acompañarnos a un viaje por la selva Amazónica en la provincia de Sucumbíos en Ecuador para poder mostrarnos in situ los desastres que la explotación petrolera produce en esa zona.

Aunque todos conocíamos los hechos e incluso habíamos visto imágenes anteriormente, la realidad que palpamos en cada paso que dábamos, en cada soplo de aire que llegaba a nuestros pulmones, era algo inconcebible.

¿Cómo… cómo se podía producir tal agresión colectiva y en tal magnitud..? no dábamos crédito a ello, pero ahí estaba la cruda realidad…

Explotaciones de las Compañías petroleras aposentadas definitivamente durante años, tuberías oxidadas cruzando por doquier el terreno de la inmensa selva, haces de tubos negros y óxidos repletos de esa sustancia que se llama petróleo, para unos el progreso, para otros, la sangre de la Pachamama.

¡No dábamos crédito a lo que veíamos! seguíamos caminando, los mecheros prendidos en unas torres altas que apenas alcanzábamos con la vista, lanzaban sus rugientes llamaradas al espacio, sus partículas lo contaminaban todo y al producirse la lluvia, caían como motas sobre todos los objetos, nos tapizaban, nos las comíamos, nos las bebíamos, las respirábamos… teníamos la certeza de que nos convertiríamos a través de ellas, en ceniza…

Asi las personas que llevan años bajo esta lluvia diamantina han ido enfermando poco a poco, se producen tumores, cánceres, oxidación, desmineralización de los huesos. Los niños sueñan por la noche, con gigantes que escupen fuego, y los mayores  enferman y mueren, día a día.

Pero aún nos faltaba ver algo más, más inverosímil, y lo vimos.

El propio petróleo derramándose por las fugas de la tuberías, o cuando estas se rompen por lo obsoleto de la instalación y el crudo negro petróleo, viscoso, caliente, aceitoso, se mezcla con la fuente primigenia de la vida, el agua.

Los esteros se contaminan, las lagunas iridiscentes se instalan en cada recodo del camino y las casas de los habitantes de esas zonas se tambalean sobre este tsunami negro. Pero no pasa nada, la compañía petrolera sigue con su explotación y con su expolio, cercan los campos para que no se puedan ver estos desastres, cercan y vigilan los sectores de explotación para poder obrar impunemente, y si te acercas a ver para saber, es considerado delito.

Seguimos infatigablemente por los caminos, los campesinos nos orientan en estos desastres que se producen cada día. Llegamos a una casita, ahora sólo habitada por una familia, al lado de una gran laguna producto de un derrame reciente, pero según nos indican los propios moradores “allá abajo por la quebrada, se rompió la tubería y tuvieron que venir 150 hombres para arreglarla y recogieron unos 6.000 bidones, luego se marcharon y los de la compañía solo nos trajeron agua para dos días…”. Después el lento agonizar, los animales se mueren, las personas enferman y pierden la capacidad de reacción, se quedan allí clavadas en lo que es su casa, en lo que fue su vida.

Sólo una voz como testigo de tanto  horror, clama a los cuatro vientos:

”cuenten lo  que vieron, cuéntenlo, la humanidad entera tiene que saberlo..”

 ¡Ésta es nuestra responsabilidad!

Hemos tenido que respirar otra vez para poder contarlo, algo dentro de nosotros se había muerto con tanto horror, con tanta agresión inconcebible a las personas, a los pueblos y a los propios seres humanos de este siglo XXI.

Por la tarde volvimos a Lago Agrio, donde nos alojábamos, todos callábamos sumidos en nuestros pensamientos y en la realidad que nos ofrecía la ciudad,  nos recordaba a un antiguo campamento, ciudades petroleras.

Paseamos un poco por el parque público, una suerte de construcciones esperpénticas e inconexas, fuentes de colores, con puentes japoneses y pasarelas, cemento por doquier, no sabíamos con qué más nos podrían sorprender, iglesias blancas de tintes futuristas y luces de neón, todo construido obsequiosamente por la compañía petrolera, como lo son también los servicios  públicos  indispensables, educación, sanidad, transporte, vivienda y como no, empleo para la explotación de las concesiones y pozos petroleros.

Desayuno petrolero, almuerzo petrolero, aire petrolero, vida petrolera de macho petroleando.

Una vida sin lugar para la vida cotidiana de la familia, de las niñas y niños que perdurarán la vida.

El petróleo lo inunda todo en su viaje a los países del norte que necesitan el oro negro para su sistema productivo, aquí queda “el progreso” convertido en expolio.

Nuestra cabeza nos hervía con todas estas reflexiones, estábamos exhaustos y paramos a comer para reponer fuerzas. Poco a poco la tensión se fue aflojando, comíamos pausadamente, sopa, arroz, carne, fruta, de pronto por la calle andando sin rumbo se acercaba una persona joven, cuando llegó a nuestra altura nos pidió alguna moneda para comer. ¿Sería verdad?, ¿tenía hambre?, ¿no se lo gastaría en tomar? Nos asaltaba la duda, así que le invitamos a que compartiera con nosotros nuestra  cena, y su cara se iluminó: “¿me van a dar de comer?”.

No podíamos creerlo, con un apetito voraz comió ante nuestros atónitos ojos todo lo que le ofrecimos y aún después de hacerlo se llevó algo de comida, “para más tarde…”.

Éste era el progreso para esta tierra,  hambre, miseria, exterminio de su vida  y de su cultura.

Aún ahora después de varios meses resuenan en nuestros oídos sus voces:

“..vayan y cuenten lo que vieron, cuéntenlo..”

Y así lo hacemos ahora, pero nuestros cerebros han tenido que desintoxicarse de la lluvia ácida que nos regaló la compañía petrolera.

Contaremos lo que vimos, y aún más, hablaremos sobre lo que sentimos y vivimos. Gracias  a todos los que nos acompañasteis en este viaje y gracias a Sixto y a Bella, líderes comunitarios, por su lucha infatigable.

Todos los datos técnicos, científicos y de ubicación, no son necesarios para este relato, se pueden encontrar en cualquier obra de consulta y denuncia, lo que no se puede consultar es nuestra propia experiencia. Así pues, seguiremos denunciando y dando testimonio del esfuerzo titánico de unas personas por lograr parar este expolio y genocidio en esta parte de nuestro planeta.

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Aquí puedes ver los proyectos que acompañamos en Ecuador:

http://www.entrepueblos.org/proyectos-caso.php?id=2

Entrepueblos Valladolid.

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